Bajar impuestos no es de izquierdas

En una escena de la película “Desmontando a Harry” un personaje le confiesa a Woody Allen: “detesto la realidad, pero es el único sitio donde puedo tomarme un whisky”. Algo parecido debieron plantearse los socialdemócratas de la posguerra cuando aceptaron capitalismo a cambio de igualdad y que la “vía Blair” ha transformado en  un “me gusta tanto la realidad que no necesito un whisky”.

En los últimos treinta años esta sintonía con “lo real” se ha traducido en gobiernos socialistas cada vez más preocupados por la gestión que por la transformación, por la economía que por la política, por el mercado que por el Estado. Y la crisis ha confirmado que la socialdemocracia, ni ha sido un antídoto a la expansión de este capitalismo financiero, ni sus recursos estratégicos e ideológicos sirven para oponer un modelo económico distinto.

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