Líneas Rojas http://www.lineasrojas.org/blog Para revitalizar la socialdemocracia y reconectar el PSOE con la sociedad civil Wed, 04 May 2016 12:55:51 +0000 es-ES hourly 1 http://wordpress.org/?v=4.1.19 DESPEDIDA http://www.lineasrojas.org/blog/2016/05/04/despedida/ http://www.lineasrojas.org/blog/2016/05/04/despedida/#comments Wed, 04 May 2016 12:49:48 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1704 Sigue leyendo ]]> Estimados amigos y amigas,

Tras un apasionante periplo de varios años, en el que hemos tratado de contribuir como mejor hemos sabido a la mejora de la socialdemocracia en nuestro país, las y los miembros de Líneas Rojas consideramos que ha llegado el momento de poner fin a este proyecto. Agradecemos sinceramente todo el interés y apoyo prestados. Hasta siempre. 

Abrazos progresistas

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El PSOE ante Podemos http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/el-psoe-ante-podemos/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/el-psoe-ante-podemos/#comments Tue, 18 Nov 2014 11:09:34 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1659 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 6 de noviembre de 2014 en eldiario.es

Podemos ha sacudido la mortecina escena política española de los últimos años. No sólo por su pujante tirón electoral, ya contrastado en las elecciones europeas, sino también por haber condicionado las prioridades de la agenda política y, en cierto sentido, el modo de hacer política en el país. Todo ello se refleja en el reciente barómetro del CIS, en el que los ciudadanos castigan duramente a los ‘populares’ por la sucesión de escándalos de corrupción y premian el discurso de denuncia de Podemos.

Pero sería precipitado concluir que el principal perjudicado por la irrupción de esta nueva formación es el PP. Como el mismo CIS señala, la ciudadanía sitúa a Podemos en la izquierda dentro del espectro ideológico, por lo que es al PSOE, principalmente, al partido que amenaza con arrebatar una parte considerable de sus votantes en las próximas citas electorales. De ahí que resulte tan relevante el tipo de respuesta que los socialistas ofrezcan ante este desafío.

Lo cierto es que no es exagerado afirmar que la reacción de la nueva dirección del PSOE está marcada por la desconfianza, por momentos incluso el desprecio, hacia Podemos. ¿Cómo puede interpretarse si no el empeño en evitar hacer una referencia expresa a la nueva formación o en calificar a sus miembros como populistas? Lejos de hacer alguna mella, estas descalificaciones seguramente refuerzan la posición y las expectativas electorales de Podemos. Pero, sobre todo, ponen al descubierto ciertas debilidades de las que los actuales dirigentes socialistas no parecen ser conscientes, pese a que abren una importante brecha con los ciudadanos. Aclaremos, pues, algunas cuestiones que el PSOE debería tener presentes y que condicionan su actitud hacia Podemos.

I. Los dirigentes socialistas, actuales y pasados, no acaban de darse cuenta de la traición que supuso para una masa importantísima de votantes progresistas el giro de la política económica del Gobierno de Zapatero en mayo de 2010. La credibilidad del PSOE sufre desde entonces porque no han sido capaces de desmarcarse de lo que una amplia mayoría considera una equivocación histórica.

II. Esta pérdida de credibilidad significa –y esto también parece haberse pasado por alto– que el PSOE ya no es, ni podrá volver a ser en algún tiempo, esa fuerza hegemónica de la izquierda capaz de atraer grandes mayorías sociales con un apoyo electoral cercano al 40%. En un proceso de evolución que guarda crecientes e inquietantes similitudes con el SPD alemán, todo parece indicar que el PSOE no podrá aspirar en próximos comicios más que a situarse, en el mejor de los casos, en una franja entre el 25 y el 30% de apoyo electoral.

Y es posible que lo haga como primera fuerza de la izquierda, sí, pero completamente dependiente del apoyo de otras fuerzas progresistas que incluso pueden estar en condiciones de disputarle esa posición, algo que nunca había ocurrido en la actual etapa democrática.

III. Este nuevo escenario exige del PSOE una adaptación que, pese a los avances que ha supuesto el relevo en la dirección, no se ha producido todavía; y el modo áspero en el que se dirige a Podemos es una buena ilustración de ello. Los socialistas deberían reconocer los méritos de la nueva formación que son, a mi juicio, tres fundamentales.

En primer lugar, existe ya cierto consenso (Soledad Gallego “Un diagnóstico lleno de verdades”, 28/9/2014) en torno al acertado diagnóstico que hace Podemos de la situación actual, una realidad marcada por la desigualdad y por la prevalencia de los intereses de una minoría privilegiada que hace que la ciudadanía se sienta estafada y desesperada al mismo tiempo.

En segundo término, Podemos demuestra coraje para plantear soluciones capaces de hacer frente a esa contundente realidad. Es posible que algunas medidas concretas sean difícilmente realizables (muchas menos de lo que habitualmente se dice, como nos recuerda J.M. Martín Carretero de Economistas frente a la crisis), pero responden en todo caso a un planteamiento general con el que los socialistas deberían sintonizar, pues sitúan la redistribución de riqueza y la centralidad de la ciudadanía como ejes destacados de su proyecto político.

Y un tercer mérito es la claridad del lenguaje de Podemos. Pablo Iglesias transmite mensajes que todo el mundo entiende; y lo hace huyendo de los circunloquios propios de políticos que no tienen nada que ofrecer a los ciudadanos o que carecen de audacia para urdir un nuevo proyecto socioeconómico, que es donde la izquierda se juega hoy la partida.

IV. Ese cambio de actitud debería hacer ver que el éxito de Podemos no es sólo el resultado de sus méritos, sino también el reflejo de los deméritos del PSOE. Y precisamente en ese ejercicio de autocrítica y de humildad podrían encontrar los socialistas el camino perdido. Serviría, de un lado, para recuperar la sintonía con antiguos votantes y muchos jóvenes que, hastiados de la falta de un proyecto político transformador de una realidad injusta, han encontrado refugio electoral en Podemos o que, como mínimo, se identifican con la crítica a los partidos de la ‘casta’. Y también serviría, de otro, para alcanzar puntos de encuentro con Podemos y el resto de fuerzas progresistas que van a ser imprescindibles para que la izquierda vuelva a gobernar.

En definitiva, sin ese cambio de actitud el PSOE parece condenado a perder irremediablemente el merecido protagonismo –por muchos fallos que haya cometido– del que ha gozado en los últimos treinta y cinco años. Y lo que es peor, aboca a los ciudadanos a seguir martirizados por políticas insensibles al sufrimiento que agravan las desigualdades y desmantelan nuestro Estado de bienestar.

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¿Pueden los partidos seguir ignorando la regeneración democrática? http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/pueden-los-partidos-seguir-ignorando-la-regeneracion-democratica/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/pueden-los-partidos-seguir-ignorando-la-regeneracion-democratica/#comments Tue, 18 Nov 2014 11:03:14 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1656 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 22 de octubre de 2014 en Piedras de Papel de eldiario.es

Permítanme que empiece este post de una forma un poco heterodoxa, recurriendo a las nociones de la física sobre los cambios de estado de la materia.  Éstos se definen como cambios que sufre la materia en su forma, volumen o en su estado, sin alterar su composición o naturaleza. Así, se pasa del estado sólido al líquido, como hace el hielo cuando se derrite por efecto del calor; o del líquido al sólido por el efecto del enfriamiento. En estos casos, se conoce exactamente cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que la materia pase de un estado a otro. ¿Pero qué ocurre cuando queremos aplicar estas nociones a los cambios en el estado de la sociedad? ¿Está tan claro cuáles son esas condiciones?

Sabemos que el termómetro social lleva registrando una “temperatura anormal” desde hace varios años. Para comprobarlo tenemos los “síntomas demoscópicos”: niveles récord de desconfianza hacia los políticos, descrédito generalizado de las instituciones e insatisfacción con el funcionamiento de la democracia. Y  también son evidentes los “síntomas electorales”: la fuerza de un nuevo partido, Podemos, que genera una gran capacidad de atracción entre los que quieren (en un número creciente) un caballo de Troya que sirva para cambiar el actual estado de cosas.

Tan atípica es la actual “temperatura social” (o el estado de ánimo político de la sociedad española) que los institutos demoscópicos encuentran cada vez más difícil ofrecer estimaciones de voto; hasta el punto de que en algunos casos han optado por dar a conocer los datos brutos (intención directa de voto), en lugar de dar los “resultados cocinados” (véase al respecto la última encuesta realizada por Metroscopia para El País).

En todo caso, la reacción ante los síntomas, en forma de regeneración democrática, ha sido una de las mayores demandas que se han venido escuchando, por parte de diferentes sectores sociales, en los últimos años, y especialmente desde la celebración de las pasadas elecciones europeas. Es verdad que en los últimos meses se ha producido una cierta reacción institucional ante el descrédito político. Pero no parece que se esté haciendo al ritmo ni, muchas veces, en el sentido requeridos.

La mejora del sistema democrático se ha convertido en una suerte de eslogan que todos los partidos y políticos invocan de forma recurrente. El Partido Popular, como partido gobernante y bajo la alargada sombra del caso Bárcenas y de la trama Gürtel, ha anunciado en numerosas ocasiones medidas para combatir la corrupción y regenerar la democracia, al tiempo que presume de haber aprobado la ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno.

Buenas palabras y aparentes buenas intenciones que, no pocas veces, han quedado desacreditadas por otro tipo de acciones y medidas tomadas, como el infructuoso intento de cambiar el sistema de elección de los alcaldes en su propio beneficio electoral o el cuestionado nombramiento, por su falta de imparcialidad, del que hasta hace poco ha sido director de Telemadrid, José Antonio Sánchez, como nuevo presidente de RTVE. En las filas socialistas, también la distancia entre las buenas palabras y los hechos ha sido notoria en numerosas ocasiones. Por ejemplo, y tal como ha señalado recientementeSoledad Gallego, ¿tiene sentido que los socialistas madrileños se comprometan a suprimir el Consejo Consultivo de Madrid -órgano de dudosa utilidad pública más allá de servir de retiro dorado para ex presidentes de la Comunidad de Madrid  y otras personalidades- si ganan las próximas elecciones autonómicas, mientras votan con el PP en la Asamblea de Madrid a favor de que éste siga existiendo?

Inexplicablemente los principales partidos parecen seguir abonados a la estrategia del regarte corto, sin entender, o querer entender, que la crisis política ha entrado en una nueva fase. El escándalo de las “tarjetas opacas” de Caja Madrid ha supuesto un nuevo punto de inflexión en la ya deteriorada confianza de la ciudadanía en los políticos, en la política (tradicional) y, lo que es más grave, en las instituciones. Este caso ha puesto en cuestión el argumento de que la corrupción, el fraude y los comportamientos poco ejemplares se circunscriben a casos aislados y a personas concretas. Y es que, si bien es cierto que, al calor del incesante goteo de escándalos conocidos en los últimos años, se ha afianzado la opinión de que la corrupción política y el fraude fiscal -no en vano considerados el segundo problema del país por los ciudadanos- están muy extendidos en nuestra democracia, el caso de Caja Madrid ha supuesto traspasar la frontera hacia la percepción de una corrupción institucionalizada.

Se ha producido, además, un salto cualitativo en un contexto de austeridad en el que la sociedad española encuentra intolerable que se privaticen las ganancias y se socialicen las pérdidas, mientras se piden públicamente sacrificios sin predicar precisamente con el ejemplo.

Sin distinguir de ideologías (de izquierda y de derecha) y salpicando la imagen de varias e importantes instituciones y actores políticos, cabe pensar que la lista de las 86 personas implicadas en el (ab)uso de estas tarjetas, más que sorpresa entre la ciudadanía, ha generado inquietud. ¿Cómo ha sido posible mantener ese “opaco” sistema durante nueve años, escapando al control de los órganos auditores y fiscalizadores? ¿Podemos encontrarnos sólo ante la punta del iceberg? ¿En qué medida éstas u otras prácticas poco ejemplares y/o fraudulentas pueden ser habituales en instituciones y organismos financiados con dinero público, mientras fallan los mecanismos de control? Estas son algunas de las preguntas incómodas que este caso genera, además de abonar el terreno de los que contraponen una “España oficial” (la de los sobresueldos y los privilegios) a una “España real” (la de los infrasalarios y los sacrificios).

Evidentemente el tsunami producido con este escándalo ha conllevado reacciones inmediatas. A modo de cortafuegos, los partidos han optado por suspender o dar de baja a los miembros de sus organizaciones que han estado implicados en este escándalo o elevar la presión para que éstos lo hagan voluntariamente. Asimismo, en las últimos días hemos sabido que el Ministerio de Hacienda reforzará el control sobre el gasto de los demás ministerios o que el Tribunal de Cuentas, salpicado también por escándalos de prácticas poco ejemplares como es el nepotismo, se someterá a una evaluación externa de otros tribunales de cuentas europeos. Por su parte, la organización de inspectores de Hacienda del Estado, entre otras iniciativas, ha propuesto reformar la Ley de Protección de Datos para hacer públicas las declaraciones de la renta, empezando por políticos y empresarios.

Bienvenidas sean todas las medidas que refuercen los sistemas de control frente a la corrupción, el fraude y los comportamientos poco éticos. Habrá quien plantee que el sistema democrático funciona porque la justicia hace su trabajo y los casos presuntamente delictivos terminan aflorando. O quienes, como en un reciente editorial de El País, argumenten que éstos fueron cometidos en una época pasada (en la España de la bonanza y los excesos) y, por ende, asistimos a “un ajuste de cuentas con el pasado”, y no a la extensión de prácticas abusivas y fraudulentas.

¿Pero nos debemos conformar (sólo) con la respuesta judicial? ¿Hasta qué punto no es necesario una reacción política (proactiva) ante la nueva etapa de la crisis institucional que vivimos?

No se trata, o no sólo se trata, de que los ciudadanos valoren mal a los partidos políticos (o, más exactamente, peor de lo que lo hacían hace unos años, ya que en España éstos siempre han aparecido en los últimos puestos del ranking de valoración). O que los sindicatos y la patronal tengan una mala imagen. Las principales instituciones están tocadas. Resulta paradójico que en un país como España que sufrió durante casi cuarenta años una dictadura militar, las únicas instituciones que, según los últimos datos del CIS correspondientes a abril, gozan y mantienen la confianza de los españoles sean el ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (ver gráfico). Si bien, es muy probable que, pese a no disponer de datos del CIS para confirmarlo, los jueces sean otro de los colectivos que no generen tanta desconfianza o incluso hayan visto mejorar su imagen en estos últimos años por el papel que han jugado en la paralización de los desahucios y en la lucha contra la corrupción.

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Grado de confianza de los ciudadanos en una serie de instituciones en octubre de 2006 y en abril de 2014. Elaboración propia con datos del CIS (nota al final)

Desde hace tiempo, los indicadores políticos exigen una reacción contundente por parte de quienes han terminado por reconocer, al menos en el plano discursivo, la necesidad de regenerar la democracia y hacer cambios. Ahora esa reacción es urgente. El principal adversario de los que defienden el actual orden político no es Podemos. La irrupción de Podemos es, en gran medida, fruto del inmovilismo y de la falta de reflejos de los dos grandes partidos para hacer frente al (progresivo) deterioro de la situación política. Esa falta de reflejos sigue siendo el principal adversario de los defensores del “establishment”.

Mientras las protestas sociales, aunque multitudinarias, se mantenían en la calle y de forma dispersa y difusa, los principales partidos podían estar relativamente tranquilos. Las diferentes mareas de protesta no terminaron por converger en un tsunami social, pero sí lo están haciendo en uno político. El malestar social ha encontrado la forma de canalización política en Podemos que, tal y como aspiraba, se ha convertido en una fuerza política transversal que atrae a diferentes y variados tipos de electores, cuyo nexo de unión es la indignación y el consiguiente deseo de cambio. Obviamente esto es más peligroso para los defensores del status quo, que son plenamente conscientes de que no hay un problema de desafección política (pasividad), sino de indignación (activismo). Llama la atención, en este sentido, que la inquietud de las élites políticas, mediáticas y financieras ante el fenómeno de Podemos se traduzca en ataques y en el intento de desacreditar a esta formación a toda costa, algo que podría surtir el efecto contrario. Sería en cambio mucho más efectivo si los esfuerzos de estas élites se centraran en demandar una reacción política ante el grave deterioro institucional que sufrimos.

Como ya he señalado en otras ocasiones en este blog, en el Congreso de los Diputados el sistema financiero ha “merecido” la creación de una subcomisión parlamentaria (“ subcomisión de reestructuración bancaria y saneamiento financiero”). No se presta, sin embargo, una atención similar al estudio de la situación social generada por la crisis, ni a la mejora del sistema democrático. Se puede cuestionar la utilidad de las comisiones parlamentarias, pero al menos sirven para indicar prioridades políticas.

Si todos los partidos políticos que están representados en el Congreso están de acuerdo en la necesidad de mejorar la calidad de nuestra democracia, aunque discrepen en el cómo, ¿por qué no crear una subcomisión para tratar este tema? La mayoría absoluta del PP no sería un obstáculo insalvable, si este partido temiera sufrir una castigo electoral por no hacerlo. Ya desde las pasadas elecciones europeas, los populares han dado alguna muestra de entender que la mayoría parlamentaria y la mayoría social no siempre van de la mano.

El primer cometido de esa subcomisión debería ser el encargo de una auditoría democrática externa, en la que todas las instituciones y organismos financiados con dinero de los contribuyentes, fueran evaluados por expertos independientes, y se propusieran recomendaciones de mejora tomando como ejemplo los casos de otras democracias. Esa auditoría permitiría tener una visión de conjunto del sistema político, de sus fortalezas y debilidades, y constituir la base para poder afrontar un debate serio e integral (funcionamiento de las instituciones, lucha contra la corrupción, mejora de los mecanismos de representación y participación política, etcétera) sobre la regeneración democrática. Un debate en el que fuéramos capaces de discernir entre los elementos coyunturales y estructurales que hay detrás de la mayoritaria demanda social de mejora de la democracia.

Nada parece indicar, no obstante, que quienes pueden impulsar este tipo de iniciativas lo vayan a hacer.  Pero a poco más de medio año de la celebración de las elecciones locales y autonómicas, y de un año de las generales, parece claro que el inmovilismo democrático pasará factura. Cuantos más paños calientes o parches se quieran poner, más rupturistas se mostrarán los votantes. Y no sólo debería preocupar la gobernabilidad política ante una potencial fragmentación electoral, sino el que muchos ciudadanos perciban las opciones rupturistas como las únicas posibles para mejorar el sistema democrático.

Nota al gráfico: Media (Escala 0-10 donde 0=Ninguna  confianza y 10=Mucha confianza). No están incluidos en el gráfico los datos relativos a la confianza en la Guardia Civil y el Consejo General del Poder Judicial en octubre de 2006 porque el CIS no preguntó por esas instituciones. La forma en que se plantea la pregunta a los encuestados es: “A continuación, me gustaría que me dijese el grado de confianza que tiene Usted en una serie de instituciones, utilizando una escala de 0 a 10, en la que 0 significa ninguna confianza y 10 mucha confianza”.

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Los Presupuestos Generales del Estado 2015: Sacrificios injustos e inútiles http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/los-presupuestos-generales-del-estado-2015-sacrificios-injustos-e-inutiles/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/los-presupuestos-generales-del-estado-2015-sacrificios-injustos-e-inutiles/#comments Tue, 18 Nov 2014 10:55:07 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1654 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 22 de octubre de 2014 en el diario.es

Hemos asistido esta semana al debate sobre los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2015, que el Gobierno llama de la consolidación de la recuperación, pero para la mayoría de los españoles, lo único que se consolida son la desigualdad, la precariedad laboral, la pobreza infantil, o la exclusión social.

La machacona propaganda gubernamental no deja de insistir que hemos superado la crisis, que ya estamos en plena recuperación, rumbo a una nueva era de prosperidad. No deja de ser sorprendente tanta algarabía si tenemos en cuenta que casi tres años después de la llegada de Rajoy al Gobierno, hoy hay más paro y menos empleo en España. Incluso, si se cumplieran sus optimistas previsiones macroeconómicas a fines de 2015 terminaríamos la legislatura con 400.000 empleos menos y una deuda pública de 30 puntos adicionales, de los que había a fines de 2011, cuando el entonces líder de la oposición, decía que España estaba en la quiebra y la tasa de paro era insoportable.

Desde el Partido Socialista ni somos negacionistas, ni catastrofistas. No hay duda que la economía se ha estabilizado, que este año acabará con algo de crecimiento económico en términos anuales, y en 2015 posiblemente incluso algo más. Si esto ha ocurrido se debe fundamentalmente a factores externos, como la suavización de la austeridad fiscal y la intervención del BCE, que ha estabilizado la prima de riesgo y devaluado el Euro.

El crecimiento es necesario, pero ni de lejos suficiente para mejorar el bienestar de los ciudadanos. Un ejemplo; mientras el Gobierno alardea de sus perspectivas económicas, se ha publicado el Indice Europeo de Justicia Social, que muestra que en 2014 España cae al puesto 21 de los 28 en Justicia Social. Por primera vez nuestro país no alcanza el aprobado. Desde 2011, el riesgo de pobreza en nuestro país se ha incrementado casi 3 puntos a nivel general, pero es especialmente elevado en el caso de los niños, llegando al 32,6%, el peor después de Rumanía.

Es decir, la recuperación de raíces vigorosas de la que habla el Gobierno parece que no está alcanzando a todos, sino más bien al contrario. Las grandes cifras macroeconómicas esconden una realidad de enorme sufrimiento para millones de ciudadanos.

Y la política fiscal que ha llevado a cabo este Gobierno el primer día, incluidos los presupuestos que se debaten estos días en el Congreso, ahondan en el mal reparto de los sacrificios. Los presupuestos de 2015 esconden una gran transferencia de renta de las clases medias y bajas a las rentas altas, y lo hacen a través de los impuestos.

Este Gobierno ha subido más de 50 impuestos (incluido el IVA), copagos, tasas y precios públicos a lo largo de la legislatura por valor de unos 28.000 millones de Euros, que afectan a todos los ciudadanos. Ahora, un año antes de las elecciones, Montoro baja impuestos por valor de 9.000 mil millones de euros, beneficiando de forma muy desproporcionada a las rentas altas y las grandes empresas. De forma electoralista a las clases medias les ofrece una rebaja media de 50€ mensuales, que no compensa ni de lejos las subidas de la luz, de los libros de texto, la bajada de las becas, de los bonos de comedor escolar, los copagos, etc.

Lo que es peor, se inflan los ingresos para así esconder posteriores subidas de impuestos indirectos o lo que es peor nuevos recortes sociales. Los PGE prevén subidas de la recaudación fiscal por valor de casi 10.000 millones de euros en 2015, cuando la reforma fiscal hace un mes y medio estimaba una caída nominal de ingresos debido a las rebajas impositivas por valor de unos 4.000 millones de euros. Difícil de creer. Menos aún que el IVA crecerá un 7,3% cuando el consumo lo hará solo en un 2,7%. O un crecimiento de las cotizaciones sociales del 6,8%, cuando el empleo crecerá un 1,4% y el salario medio el 1%. La falta de rigor económico de estos presupuestos es notoria; más que flexibles, estos presupuestos parecen “elásticos”.

Al tiempo que se inflan los ingresos, el Gobierno exige recortes a las administraciones que asumen el gasto social más intensamente, como son las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos. Por el lado de las Comunidades Autónomas, el ajuste estará en el entorno de los 7.000 millones, que tendrá que ser realizado con nuevas subidas de impuestos o recortes, en Sanidad y Educación que son las dos grandes partidas de gasto autonómico.

Además, según el Plan Presupuestario enviado a Bruselas, los ayuntamientos tendrán que hacer un nuevo ajuste de 5.000 millones de euros, con un recorte de gastos 3.721 millones de euros y subidas de impuestos municipales por 1.200 millones de Euros. El Gobierno llama ¨servicios impropios¨ al recorte de gastos locales, entre los que se encuentran por ejemplo, cosas tan ¨impropios¨ como atención domiciliaria a los mayores, gastos en escuelas infantiles de 0 a 3, gastos en comedores escolares

Es decir, más recortes sociales y sacrificios para los de abajo. Y si los sacrificios son injustos y mal repartidos, son además inútiles, pues no están arreglando los problemas estructurales de nuestro país, como el altísimo desempleo, alto endeudamiento privado y baja productividad. Ninguno se ha resuelto, pero se han   añadido otros: desigualdad inadmisible y deuda pública preocupante.

La prueba de que esta política económica basada en devaluación salarial permanente y austeridad compulsiva no está solucionando los problemas estructurales lo muestra el incremento exponencial de la deuda externa del país, y la vuelta al déficit comercial.

La supuesta mejora en la competitividad de nuestra economía no parece que sea tal. Solo hay que fijarse en los principales indicadores internacionales; por ejemplo entre 2011 y 2014 España ha caído 8 puestos en el Indicador de Entorno de Negocios o ¨doing business¨ del Banco Mundial del 44 al 52 (de 189 países), y ha avanzado escasamente un puesto, del 36 al 35 en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial (sobre 144 países).

En definitiva, la realidad a día de hoy es que en España, con el Gobierno de Mariano Rajoy, tiene más paro, menos gente trabajando, más deuda pública y más endeudamiento externo. No se ha solucionado ningún problema, tenemos algunos más.

El PP se presentará a las elecciones diciendo que los sacrificios han valido la pena, pero a los ciudadanos no se les puede engañar dos veces.

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Las ‘primarias’ del PSM: un portazo a la ciudadanía http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/las-primarias-del-psm-un-portazo-a-la-ciudadania/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/18/las-primarias-del-psm-un-portazo-a-la-ciudadania/#comments Mon, 17 Nov 2014 23:02:18 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1652 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 13 de octubre de 2014 en eldiario.es

El proceso de primarias para la elección de los candidatos del Partido Socialista de Madrid al Ayuntamiento y a la presidencia de la Comunidad Autónoma ha sido un rotundo fracaso. Pero es, sobre todo, una clara ilustración del estado en el que se encuentra el PSM desde hace ya demasiados años. Por dos razones fundamentales.

I. La primera, y más evidente, afecta al núcleo dirigente. La sociedad, hastiada de un modo de hacer política que antepone los intereses de la propia organización frente al interés general, demanda apertura de los partidos políticos para que éstos recuperen la conexión con los problemas de la ciudadanía. Sin embargo, la dirección del PSM ignora esta exigencia y se parapeta detrás del aparato del partido a través de un proceso de primarias que desacredita a los socialistas madrileños ante los ciudadanos y que parece la mejor garantía de un nuevo fracaso electoral.

Difícilmente puede interpretarse de otra forma que se haya olvidado el compromiso públicamente expresado para la elección de candidatos a través de la celebración de unas primarias abiertas a los ciudadanos; o que se estableciera la exigencia de un 10% de avales (20% en el caso del Ayuntamiento de Madrid, una ciudad de 3,5 millones de habitantes), una cautela excesiva que dificulta la concurrencia de candidatos no ‘oficiales’ a la vista del férreo control de las agrupaciones que ha demostrado el aparato del partido.

El mensaje que los actuales dirigentes transmiten a la ciudadanía es que no creen en la apertura del partido ni en la capacidad de los simpatizantes para generar ilusión por un nuevo proyecto, y que les importa muy poco el descrédito que ello implica.

II. Pero hay todavía una segunda razón que agrava la sensación de rechazo y de desánimo que el PSM genera en muchos potenciales votantes y en muchos (¿o quizá no tantos?) militantes. Sin quitar mérito a los compañeros que han tratado infructuosamente de reunir los avales para concurrir a las primarias, resulta muy significativo que no haya entre los militantes del PSM personas con coraje para combatir la política con minúsculas que desarrolla la organización desde hace tanto tiempo. ¿Por qué nadie parece tener el liderazgo necesario para impulsar un proyecto político comprometido, honesto y transformador? Es muy triste constatar que el partido se ha convertido en el reino de la mediocridad y del sectarismo; en una organización que vive de espaldas la ciudadanía y a la que no parece importarle demasiado mantenerse en la oposición.

Todos salimos perdiendo con el portazo que han supuesto estas primarias fantasmas. Pierden, primero, los ciudadanos que corren un riesgo serio de seguir gobernados por un Partido Popular corrupto, incompetente y decidido a seguir vendiendo los servicios públicos al mejor postor. Pierde, segundo, el PSM abocado a salir muy mal parado de la contienda electoral (¿un apoyo inferior al 20%?, ¿tercera, cuarta fuerza política en el número de votos?). Y pierde, por último, el conjunto del PSOE y su nuevo equipo dirigente que ha dejado pasar una magnífica ocasión de demostrar en Madrid el calado de su mensaje transformador.

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¿Qué le diría el Nobel de Economía a Pablo Iglesias? http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/17/que-le-diria-el-nobel-de-economia-a-pablo-iglesias/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/17/que-le-diria-el-nobel-de-economia-a-pablo-iglesias/#comments Mon, 17 Nov 2014 19:46:47 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1650 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 17 de octubre de 2014 en Piedras de Papel de eldiario.es

El pasado lunes hemos conocido que el profesor de economía Jean Tirole era galardonado con el premio Nobel por sus trabajos sobre el poder de mercado y la regulación. Un premio muy merecido, oportuno en los tiempos que corren, aunque con cierto retraso según los que saben del tema. Si bien al profesor francés se le premia principalmente por sus aportaciones en el campo de la regulación, existen otros muchos trabajos en su trayectoria académica de igual o mayor interés. Entre ellos me gustaría señalar uno que, aunque no lo crean, puede aportar un granito de arena en la discusión en torno a la Asamblea Ciudadana de Podemos, a cuentas del órdago lanzado por Pablo Iglesias en los últimos días: no liderar el nuevo partido sí su modelo de organización no resulta el más votado.

En un  artículo con Ronald Bénabou, Tirole pone en cuestión uno de los axiomas más arraigados en la teoría económica. Esto es, que el comportamiento de los individuos está fundamentalmente gobernado por una lógica de premios y castigos. O, dicho de otra manera, que las personas guían su comportamiento en función de un esquema de incentivos. Un trabajador se esfuerza más o menos en función de algún tipo de gratificación salarial, reconocimiento social, posibilidades de promoción o penalización. Un empresario contrata personal, entre otras cosas, en función de los beneficios fiscales, las escalas salariales en los convenios colectivos, los costes de despido, etc. O un político promueve una u otra ley en función de los réditos electorales que dicha medida le pueda reportar. La gente responde a incentivos. Pues una de las contribuciones académicas más interesantes del economista francés está relacionada con la idea de que no siempre los incentivos funcionan como se espera. Por eso nos habla de las “motivaciones intrínsecas” y las “motivaciones extrínsecas”.

La idea no es muy complicada. Una persona puede idear un sistema de incentivos para que otra se comporte de determinada manera, sobre todo dándole más información acerca de la futura reacción a tal comportamiento. O dicho de otra manera, advirtiéndole sobre las consecuencias positivas o negativas de su actuación. Esto es lo que Tirole llama “motivaciones extrínsecas”. Por ejemplo, un padre a su hijo: “Si apruebas los exámenes te compraré un ordenador. Si no apruebas los exámenes, no hay ordenador”. No obstante, de acuerdo a su teoría, en ocasiones el mero hecho de plantear estos incentivos puede generar un efecto totalmente contrario, es decir, que debilite las verdaderas intenciones del propio sujeto a realizar determinada acción por su cuenta (sus “motivaciones intrínsecas”) y que los resultados sean aun peores de los que se hubiesen alcanzado sin los incentivos. Sobre todo a largo plazo. Siguiendo con el ejemplo, el incentivo ofrecido por el padre puede generar que el hijo se rebele ante semejante amenaza y que, a pesar de estar dispuesto a estudiar con algo de esfuerzo, abandone los libros harto de las imposiciones y los chantajes. O que, dándose cuenta de que su padre está muy preocupado por su educación, anticipe que el padre le comprará de todas formas el ordenador y que por consiguiente no es necesario invertir mucho esfuerzo en estudiar para los exámenes.

La clave del asunto reside en que presentar un esquema de incentivos, o sacar el palo y la zanahoria, desvela las motivaciones del padre: que su hijo estudie. Pero esta información adicional recibida por el hijo puede provocar que el resultado sea contrariamente al esperado.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Podemos? Como seguramente sabe el lector, en estos días la fuerza política revelación en las elecciones europeas da el salto definitivo al mundo institucional celebrando una asamblea fundacional para convertirse en un partido, de donde saldrán documentos sobre los principios políticos y éticos de Podemos pero, por sobre todo, un modelo de organización del partido. No cabe duda que se trata de uno de los métodos más participativos en cuanto a la vida interna de los partidos se refiere. Las discusiones sobre los documentos y la cantidad de ciudadanos implicados en ellas hace envejecer a marchas aceleradas los congresos de delegados, los dedazos o a las primarias de cartón piedra. No obstante, aspectos de la vieja política sigue estando en el aire. Y no por rancia o anticuada, sino por ser probablemente parte consustancial de la propia labor política. Me refiero al arte de la manipulación, a la herestética, o dicho sin rodeos, a la configuración de las reglas de juego por parte de los líderes para conseguir un objetivo político.

Como también sabrá el lector, hace pocos días Pablo Iglesias advirtió a los participantes de la Asamblea “Sí se Puede” que daría un paso al costado si su propuesta organizativa no fuese la más votada. Todo un órdago. Una especie de “yo o el caos” dada la relevancia mediática y demoscópica del eurodiputado. No sería la primera vez que un político aplica tal estrategia: Felipe González con el abandono del marxismo en el 79 o la OTAN en el 86, De Gaulle y su amenaza de dimitir en los referéndum, o varios líderes de la política italiana para asegurar la supervivencia de sus gobiernos (entre ellos Berlusconi –“¡yo o los comunistas!”) son buenos ejemplos de ello.

Iglesias ha argumentado que se trata de un “ejercicio de coherencia” y creo que esta explicación puede ser totalmente válida. Pero esto no deja de chocar o entrar en conflicto con uno de los principios rectores de la formación que él mismo ha creado: “que decida la gente”. Si la gente decide que quiere a Iglesias liderando Podemos pero no con su modelo de partido, Iglesias dice no. Por tanto, no está demás explorar otro tipo de explicaciones. Y aquí llega Tirole.

Aplicando el esquema analítico del flamante Nobel, podríamos especular con la idea de que este órdago de Pablo Iglesias no es más que un incentivo diseñado para que los participantes de la Asamblea Ciudadana voten por su propuesta. Poniendo su liderazgo en juego genera incentivos extrínsecos para los participantes de la Asamblea Ciudadana. Dirige el sentido de la votación sobre el modelo de partido hacia el del liderazgo. Cambia las reglas de juego para ganar. Esta “jugada”, siguiendo el marco analítico de Tirole, no haría más que desvelar sus motivaciones: liderar Podemos de la manera que él cree más conveniente, al margen de lo que diga la gente, para que, por fin, se cambien la forma de hacer política en España.

Pero como explicaba más arriba, puede que en ocasiones los efectos de los incentivos no sean los esperados. Puede, siguiendo con Tirole, que incluso estos produzcan un efecto contrario. ¿Cuáles serían estos efectos para Podemos? ¿Cuáles serían los efectos de las “motivaciones extrínsecas” generadas por Iglesias sobre las “motivaciones intrínsecas” de los participantes, militantes o de los círculos? O por decirlo de otra manera ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de que el órdago sobre el liderazgo de Podemos desvele que en realidad Iglesias y el equipo promotor dan más valor a mantener el poder de dirección que al proceso democrático de participación que proclaman en sus principios? Se me ocurren dos. Primero, puede que una parte importante de los ciudadanos que han visto en Podemos un soplo de aire fresco en lo que respecta a los partidos políticos piensen que el afán por mantener el poder también existe fuera de los partidos de la casta y que, por tanto, pierdan cualquier tipo de ilusión en la política. En la vieja y en la nueva. Sería un fracaso para Podemos. Segundo, puede que el mensaje desvelado a través del órdago de Iglesias en realidad incentive dinámicas que se pretenden abandonar. El razonamiento que podría derivarse sería algo así: “Aquí importa mucho quien lidera el partido. Mejor estar cerca de la cúpula que lejos”, dando rienda suelta a las dinámicas en donde la lealtad y las loas al líder cuentan más que las ideas, el trabajo eficiente o la meritocracia.

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Jubilaciones anticipadas: una engañosa rectificación del Gobierno http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/17/jubilaciones-anticipadas-una-enganosa-rectificacion-del-gobierno/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/11/17/jubilaciones-anticipadas-una-enganosa-rectificacion-del-gobierno/#comments Mon, 17 Nov 2014 19:31:52 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1647 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 2 de octubre de 2014 en Agenda Pública de eldiario.es

La decisión del Gobierno de rectificar el injusto criterio aplicativo que impedía el acceso a la jubilación anticipada a los 61 años a miles de trabajadores que perdieron su puesto de trabajo antes del 31 de marzo de 2013 debe ser bienvenida. Tras una polémica actuación inicial, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social ha tenido reflejos para evitar un probable revés judicial y mostrar –o aparentar, al menos– una actitud dialogante. La opinión pública así parece haber valorado esa rectificación. Sin embargo, se pasa por alto que desde esa fecha todos los trabajadores en edades próximas a la jubilación –muchos de ellos desempleados de larga duración– se enfrentan a duras condiciones de acceso anticipado a la pensión como consecuencia de la nueva regulación introducida por el Real Decreto-ley 5/2013: una norma que fue aprobada por el Gobierno violentando el requisito constitucional de extraordinaria y urgente necesidad, y que suscitó una unánime reacción de rechazo de las fuerzas políticas de la oposición y de los interlocutores sociales. Hagamos memoria.

La regulación de la jubilación anticipada fue una pieza clave del acuerdo social y político sobre el que se articuló la reforma de pensiones de 2011. Con algunos ajustes, mantenía la posibilidad –entonces ya existente– de jubilación anticipada a partir de los 61 años para los supuestos en los que el trabajador perdía su puesto de trabajo, al tiempo que reconocía un novedoso derecho a la jubilación anticipada desde los 63 años. Tal regulación no llegó a entrar en vigor y fue sustituida por otra, hoy vigente, que a través del citado decreto-ley endureció sustancialmente los requisitos de acceso a la pensión. Así, como aspectos más destacados, la edad de acceso a la jubilación anticipada “involuntaria” (básicamente cuando el trabajador es despedido) se elevaba en la práctica a 63 años y la del supuesto de jubilación voluntaria a 65, al tiempo que se endurecían las penalizaciones en la cuantía por cada año de adelanto respecto de la edad de jubilación ordinaria: entre un 6% y un 7,5% anual en el primer caso y entre un 6,5% y un 8% en el segundo. El único matiz era que, como parte de su régimen transitorio, esta nueva regulación no se aplicaría a aquellos que hubieran visto extinguido su contrato antes del 31 de marzo de 2013.

Es aquí donde se ha generado la controversia por la decisión inicial, ahora rectificada, del INSS de hacer una interpretación muy restrictiva –y jurídicamente más que cuestionable– de esta última previsión. De ahí que sea comprensible la reacción de alivio de la opinión pública y deba celebrarse la rectificación. Pero la reparación del daño que iban a sufrir esos 35.000 trabajadores no compensa en absoluto la regresión que para el conjunto de los trabajadores, singularmente para los de mayor edad, supone la vigente regulación de la jubilación anticipada aprobada por el Gobierno el pasado año y a la que se acaba de hacer referencia.

Como reflexión final, cabría señalar que este caso es muy ilustrativo de la exitosa estrategia del Gobierno en su política de pensiones. Con la connivencia de gran parte de la opinión pública ha logrado disimular los importantísimos recortes que ha introducido desde 2012, comenzando por la no actualización de las pensiones ese año, siguiendo por el endurecimiento de la jubilación anticipada comentado anteriormente y acabando, aún más grave, por el “cambio estructural de calado sobre el sistema de pensiones” ( Banco de España, Boletín Económico, jul-ago 2014, p. 85) que derivan de la Ley 23/2013. Así que podría decirse que, mientras celebramos haber salvado un árbol de la tala, el Gobierno arrasa motosierra en mano el bosque de las pensiones públicas.

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Cuatro errores económicos que el PSOE no debería repetir http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/03/cuatro-errores-economicos-que-el-psoe-no-deberia-repetir/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/03/cuatro-errores-economicos-que-el-psoe-no-deberia-repetir/#comments Sat, 02 Aug 2014 23:00:47 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1637 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 26 de julio de 2014 en eldiario.es

El PSOE ya tiene nuevo Secretario General, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, que tiene la responsabilidad de liderar una transformación radical del funcionamiento interno del partido, de sus formas de relacionarse con la sociedad y de su contenido programático, para volver a conectar con la ciudadanía y optar a gobernar de nuevo el país. Y entre esos cambios programáticos, los que se refieren a la política económica deben ocupar a nuestro juicio un lugar central. Porque una de las cuestiones que precisamente han propiciado de forma más evidente la pérdida de confianza de su electorado ha sido la política económica que ha desarrollado durante sus años de gobierno. Es una opinión bastante extendida que las diferencias entre PSOE y PP (los dos partidos, hasta ahora, con opciones reales de gobernar en España) han sido y son evidentes en materia social y de derechos ciudadanos, pero mucho menos perceptibles en materia económica.

Esta percepción no afecta solo al PSOE, sino al conjunto de la socialdemocracia europea, cuyas posiciones en materia económica se han visto crecientemente contaminadas de los planteamientos del discurso neoliberal, aplicando cuando han gobernado políticas que, en sus rasgos esenciales, poco se han diferenciado de las realizadas por los partidos conservadores. El brusco giro dado a las políticas puestas en práctica en mayo de 2010 a nivel europeo, con la imposición de una agenda de austeridad a ultranza, aceleró este proceso de divergencia entre la política económica aplicada por los los grandes partidos de raíz socialdemócrata de Europa y los deseos de sus potenciales votantes, aumentando su desafección. La reciente actuación del gobierno francés de Hollande y Valls sirve para ejemplificar esta deriva.

En el caso del PSOE este proceso ha sido muy notorio y, sin duda, tiene mucha responsabilidad en el continuo desplome de sus apoyos electorales. El auge de Podemos en las últimas elecciones europeas quizá haya servido para poner de manifiesto, en contra de determinadas interpretaciones, que si el Partido Socialista ha perdido apoyos no es por no contentar a los votantes de centro, sino por perder su identidad como referente de la izquierda democrática de nuestro país, y con ello, su credibilidad como partido de gobierno que puede confrontar un programa de izquierda realista con el defendido por la derecha.

No se pretende en absoluto en estas líneas analizar todas las cuestiones que reflejan esa deriva liberal, sino tan solo apuntar algunos de los campos en los que la misma ha sido más visible, a nuestro juicio, para la ciudadanía:

1. La política de austeridad practicada desde 2010 y los criterios de estabilidad presupuestaria. El brusco giro de mayo de 2010 supuso la renuncia a cuestiones esenciales de la política económica que las bases del partido no han asumido. Con todo, a ese episodio se le suele conceder el atenuante de la extrema presión que sufrió el gobierno y el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero en ese momento tan delicado por parte de Alemania y los halcones de la disciplina fiscal. Pero lo que no le han perdonado al PSOE muchos de sus potenciales votantes es la reforma del artículo 135 de la Constitución, insertando con alevosía una sesgada estabilidad fiscal en el corazón de nuestras normas esenciales. Un absurdo económico que, para muchos simpatizantes, ha ejemplificado una cesión irreversible de principios frente a quienes han apostado desde hace cuarenta años por un modelo económico y social muy diferente al que ha defendido el PSOE en su larga historia. Todo ello agravado con la apresurada forma en la que se llevó a cabo esta modificación, hurtando el debate a los ciudadanos, y pactando con el Partido Popular. Buena parte del electorado socialista percibió (y percibe) esa cuestión como una traición económica y democrática cuya reparación exige algo más que una disculpa o el recurso al argumento de la responsabilidad. Además, otorga una formidable arma dialéctica en manos de otras fuerzas políticas.

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2. La política tributaria. Los gobiernos socialistas achataron las tarifas del IRPF, reduciendo su número de tramos y sus tipos; acentuaron el trato diferencial y más favorable para las rentas del capital; redujeron los tipos del Impuesto sobre Sociedades, y lo llenaron de deducciones hasta reducir su tipo efectivo a niveles muy bajos; subieron los impuestos indirectos (IVA e impuestos especiales); eliminaron el Impuesto de Patrimonio (que a última hora recuperaron, tarde y mal); y permitieron por inacción la consolidación de un nivel de fraude desmesurado. Si nuestro sistema tributario recauda poco y es injusto es, en gran medida, porque el PSOE se dejó seducir por las tendencias más liberales con poca resistencia, y usó, como suelen hacer todos los gobiernos, los impuestos como arma electoral (ahora lo está haciendo el gobierno del PP, de forma flagrante). Sucede que la información sobre los impuestos, el quién y cuánto paga, es afortunadamente cada vez más conocida, y traslada una idea muy potente sobre la justicia de la acción de gobierno. Y sin unos impuestos justos y redistributivos, la aceptación social de cualquier política económica se resiente mucho, sobre todo en época de crisis.

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3. La política laboral. La reforma laboral del Partido Popular en 2012 ha sido tan brutal, que no hay que restarle ni un ápice de protagonismo en el destrozo que está propiciando en términos de pérdida de derechos y desmantelamiento del mercado laboral como institución clave para el desarrollo del país. Pero dicho esto, la política de empleo es otra de las parcelas en las que PSOE fue abdicando en gran medida de sus posiciones progresistas, y en cierta medida allanó el camino para que el PP aplicara la suya. Las sucesivas reformas laborales que adoptó a lo largo de sus 20 años de gobierno, en sus dos etapas, introdujeron medidas tendentes a la desregulación y al aumento del poder empresarial, sin obtener ganancias de eficiencia que justificaran esta deriva. En distinto grado según la época, los gobiernos del PSOE toleraron una temporalidad abusiva y fraudulenta, redujeron el coste del despido, introdujeron las empresas de trabajo temporal sin potenciar los servicios públicos de empleo, redujeron la prestación por desempleo, etc. La desconexión con los asalariados (y con sus legítimos representantes, los sindicatos) no es buena noticia si un partido lleva en su nombre la palabra socialista y aspira a obtener la confianza de una mayoría de ciudadanos para gobernar en solitario.

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4. La relación con los mercados de grandes sectores estratégicos. Nos referimos aquí a la escasa beligerancia de los gobiernos del PSOE frente a las conductas de las grandes empresas de los sectores clave del país, consintiendo un desarrollo desmesurado y, en ocasiones, oligopolístico, de esos negocios. Y, de forma paralela y en clara asimetría, a la desatención al negativo impacto que la hipertrofia de esas empresas y sectores y su actitud lobbista generó sobre los ciudadanos. En especial, en los sectores financiero, de telecomunicaciones, energético y de vivienda. Esa escasa beligerancia, además de muy negativa para el funcionamiento eficiente de la economía en su conjunto, refleja un sesgo de la política económica muy proclive a los grandes grupos de interés y a los llamados mercados (que vienen a ser lo mismo), limando el papel del sector público como corrector de desigualdades. En definitiva, se amparó un crecimiento económico desequilibrado, sin prestar la debida atención al reparto de los beneficios y al impacto a largo plazo sobre las condiciones de vida de las personas.

Una rectificación en estos cuatro ámbitos económicos nos parece central para que el PSOE recupere la credibilidad perdida y desmonte con fundamento la dañina e injusta asimilación “PPSOE”, que ha calado entre muchos de sus potenciales votantes. La política tributaria y la laboral están bastante bien orientados en las resoluciones de la Conferencia Política de noviembre de 2013. Respecto al artículo 135 de la CE, el PSOE debería reconocer sin ambages su error de entonces y promover la reversión de esa reforma en el seno de un cambio constitucional de mayor calado. Por último, es también imprescindible dotarse de los equipos humanos y profesionales adecuados. En demasiadas ocasiones los responsables de Economía de gobiernos del PSOE han ejercido de poderosa oposición interna, mostrando una preocupante discrepancia ideológica. Esto no debería volver a pasar. De entrada, sería deseable que el candidato a Presidente del Gobierno diera a conocer de antemano la/s persona/s designada/s para dirigir el área económica.

En definitiva, se trata de demostrar con hechos que el PSOE tiene una política económica realista y alternativa a esta conservadora que desgraciadamente se ha adueñado de las respuestas a esta dolorosa crisis, en cuya génesis están precisamente las propias políticas neoliberales y su visión desreguladora de los mercados.

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Recetas para recuperar el voto socialista http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/02/recetas-para-recuperar-el-voto-socialista-2/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/02/recetas-para-recuperar-el-voto-socialista-2/#comments Sat, 02 Aug 2014 19:31:59 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1622 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 22 de julio de 2014 en eldiario.es

Nunca antes en nuestro país una organización tan grande como la integrada por 200.000 militantes del PSOE había elegido a su líder a través de un proceso abierto en el que cada uno de los votos tiene igual valor. Sería absurdo relativizar el avance que ello ha supuesto para el propio partido socialista y para el sistema democrático, en general. Se abre, pues, un nuevo tiempo y es legítimo hacerlo con esperanza e ilusión. Pero haría mal el nuevo Secretario General en caer en la autocomplacencia. El paso que se ha dado es importante, pero Pedro Sánchez debería ser consciente de que la posición del PSOE ante la sociedad y sus expectativas electorales se encuentran seriamente dañadas como consecuencia de una trayectoria política equivocada que los ciudadanos siguen teniendo muy presente. Estos problemas que el nuevo líder debe atajar para evitar el camino hacia la irrelevancia política son dos: la falta de radicalidad, de audacia, de su discurso y la nula credibilidad de sus dirigentes.

I. Un primer problema que lastra la acción política del PSOE en el actual contexto socioeconómico es la falta de radicalidad de su discurso. Por ser justos, habría que reconocer que no es este un defecto exclusivamente español, sino que afecta al conjunto de la socialdemocracia europea. Lo que sucede es que la crisis ha intensificado el proceso que desde hace años viene desdibujando las señas de identidad socialdemócratas: los recortes del Estado de bienestar, que en momentos tan críticos como los actuales han llevado a cabo o legitimado partidos que se presentan ante los ciudadanos como progresistas, son la mejor prueba de ello. De forma creciente, la socialdemocracia es percibida en Europa como la cara amable del neoliberalismo. Quizá es un reproche injusto, pero desde luego no parece que los socialdemócratas hayan entendido que la crisis y la reacción ante ella son la expresión del desafío del poder financiero a los valores de igualdad, libertad y solidaridad propios de nuestros sistemas democráticos; un envite que exigía respuestas contundentes que no se han producido. Solo así puede explicarse que ante el fracaso de una política de austeridad que ha provocado tanto sufrimiento, el grupo de socialistas y demócratas europeos no haya conseguido superar al de los ‘populares’ de centro-derecha en los últimos comicios europeos.

Centrados ya en España, el resultado cosechado por el PSOE en estas elecciones refleja que los ciudadanos tienen muy presente la quiebra del discurso ideológico que supuso para este partido el apoyo sin fisuras –conviene recordarlo– al giro copernicano de la política económica del Gobierno de Rodríguez Zapatero en mayo de 2010. Pero también que en todo el tiempo transcurrido desde entonces el PSOE ha sido incapaz de recuperar el pulso ideológico –radical, audaz– que en un contexto tan crítico la sociedad le reclamaba. En ese sentido, puede afirmarse que pese a que la Conferencia Política del pasado mes de noviembre supuso un giro a la izquierda, a ojos de la ciudadanía se quedó corto, en parte, por la tibieza de alguno de sus contenidos y, en parte, por la escasa autocrítica realizada. Dos manifestaciones de esa falta de audacia, que también se ve perjudicada por el segundo de los problemas al que se aludía.

II. Desde una perspectiva estrictamente electoral, más grave aún es la falta de credibilidad del PSOE, un problema que tiene distintas vertientes. La primera, la más obvia, es la que afecta a las personas, esto es, a los dirigentes que han gobernado el partido desde el congreso de Sevilla. Recuperar la confianza de los ciudadanos tras la debacle de 2011 era una tarea hercúlea, para lo cual se requería una reformulación del proyecto político y un liderazgo renovado y creíble, con capacidad de conectar con los ciudadanos. En este sentido, fue un error que el que era vicepresidente del gobierno que impulsó la reforma constitucional del artículo 135 presentara su candidatura y fuera elegido secretario general; o que la lista del partido a las últimas elecciones europeas fuera encabezada por la vicesecretaria general sin la celebración de primarias. La ciudadanía sigue sin confiar en el PSOE porque quienes han encabezado el partido en esta última etapa están demasiado vinculados a una gran decepción que quieren olvidar. Una lección que debería tener muy presente el nuevo secretario general a la hora de elegir a los integrantes de la nueva ejecutiva.

En segundo lugar, el problema de credibilidad también tiene que ver con la estructura y funcionamiento del partido. Una cosa es la retórica del discurso de apertura a los ciudadanos y otra bien distinta la realidad. El PSOE es hoy una organización reacia a compartir espacios con otros movimientos sociales y poco proclive a brindar un espacio de participación en su seno a tantos ciudadanos –muchos de ellos jóvenes y con mucho que aportar– deseosos de participar en la vida política. En buena medida, el extraordinario éxito de “Podemos” puede explicarse por su capacidad para canalizar todas esas inquietudes, compromisos y talentos.

En fin, la tercera vertiente del problema de credibilidad atañe a la forma de hacer y entender la política. Por sorprendente que pueda parecer a estas alturas, el PSOE sigue sin comprender que los ciudadanos quieren una clase política distinta que, además de tener vocación de servicio a la sociedad, sea ejemplar. Ese es el único camino para luchar de forma decidida y eficaz por erradicar la corrupción; pero lo cierto es que el PSOE sigue teniendo una actitud demasiado contemporizadora con los casos que afectan directamente a sus dirigentes.

Se abre un nuevo tiempo. De lo que haga el PSOE en los próximos meses va a depender no solo el futuro de este partido, sino también el conjunto de nuestro sistema político y, en buena medida, y esto es lo más importante, de nuestro país. El PSOE ha jugado un papel crucial en la historia de nuestra Democracia desde el final del franquismo. Ha contribuido, más que ningún otro partido, a la creación de los fundamentos de nuestro Estado social y democrático de Derecho. Que lo siga haciendo, desde firmes bases radicalmente democráticas e inequívocamente progresistas, depende solo de él, de su capacidad para llevar a cabo una renovación profunda en su organización y funcionamiento internos y del discurso, auténticamente socialdemócrata, con el que se presente ante una ciudadanía que sigue esperando señales ilusionantes de este partido para volver a darle su voto.

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¿Por qué los más preparados no encuentran buenos trabajos? http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/02/por-que-los-mas-preparados-no-encuentran-buenos-trabajos/ http://www.lineasrojas.org/blog/2014/08/02/por-que-los-mas-preparados-no-encuentran-buenos-trabajos/#comments Sat, 02 Aug 2014 19:28:20 +0000 http://www.lineasrojas.org/blog/?p=1624 Sigue leyendo ]]> Artículo publicado el 9 de julio de 2014 en Agenda Pública de eldiario.es

Estos días se ha señalado la sobrecualificación como uno de los problemas de nuestro mercado de trabajo. Con ello quieren decir que personas con titulación superior (universitaria, de FP de Grado Superior y la antigua FP II) desempeñan empleos por debajo de su cualificación en mucha mayor medida que en otros países. Paradójicamente, esta realidad convive al mismo tiempo con un alto nivel de abandono educativo temprano, el mayor de la UE, aunque en rápido descenso.

Las explicaciones de que tengamos muchos parados sin cualificación y muchos trabajadores ocupados en empleos por debajo de su cualificación se pueden dividir en dos grandes grupos. Por un lado, la visión dominante es la que parte desde el punto de vista de la “oferta”: el sistema educativo ofrece mala educación, por eso los jóvenes no quieren estudiar, y la cualificación de quienes tienen títulos educativos superiores no es adecuada. Esta visión no termina de convencerme.

Primero, porque por mucho que se diga de nuestros “mediocres” resultados en PISA, lo cierto es que son tan mediocres como los de EE UU o Dinamarca, por poner un par de ejemplos de economías bastante avanzadas. Y la proporción de alumnado de bajas competencias está en el promedio de la OCDE, igualada con Inglaterra, Alemania o Francia. Es cierto que no tenemos muchos alumnos muy avanzados, pero en principio éstos no deberían ser los sobrecualificados.

Y segundo, porque la falta de buena formación de los titulados también debe relativizarse. Por lo menos podemos afirmar que va por carreras. Por ejemplo, nuestros médicos, enfermeros, ingenieros, y un largo etc. de profesionales destacan por su competencia a nivel internacional. Por otro, están los aspectos vocacionales que no coinciden con lo que demanda el mercado de trabajo. Por ejemplo, es grande la demanda de estudios relacionadas con el periodismo, sobre todo audiovisual, a pesar de que no hay tanta demanda empresarial por estos profesionales. Por no hablar de los artistas. El problema, por tanto, no estaría en su mala formación, sino que se debe a que en ciertas profesiones hay más vocaciones que puestos de trabajo.

Esto nos lleva a la otra visión del problema de la sobrecualificación: la demanda. El problema no está en la baja calidad de la oferta educativa, siempre mejorable, sino que nuestro sector productivo está especializado en sectores de baja cualificación, como los servicios, especialmente el sector turístico. Además, el nivel de cualificación de los empresarios es de los más bajos de la OCDE, y un empresario sin alta cualificación es menos probable que sepa qué puede hacer alguien muy cualificado. Y eso sin pensar (mal) en el problema de “inconsistencia de estatus” (yo soy el jefe, pero el asalariado sabe más que yo…). Para alguien que escribe desde Canarias, este problema de falta de demanda de empleo cualificado es notable. Como mucho, aquí hace falta gente con idiomas (que no la hay, y se contrata a extranjeros), pero no ingenieros.

Por último, hay una cuestión de movilidad social. Dada que nuestra estructura productiva no genera empleo de alta cualificación, hay que hacer “cola” para ocupar estos puestos. Una forma de avanzar en la cola es contar con contactos, provenir de un hogar social de estatus alto, etc. En una reciente investigación pude comprobar que en la época de expansión buena parte del mileurismo se explicaba debido a que el aumento de titulados universitarios entre las mujeres en general, y en los varones de orígenes populares en particular, que no encontraban empleos con buenos salarios. En otro estudio hallé que, a igualdad de títulos, algunos indicadores de sobrecualificación son menores para las personas de origen social alto. Es decir, la sobrecualificación es un resultado de la escasa movilidad social combinada con la estructura productiva de bajo nivel de cualificación.

Resumiendo, la sobrecualificación no puede entenderse sólo como un problema de baja calidad de la oferta educativa, también es un problema de estructura productiva, de empresariado de baja cualificación y de movilidad social. El peso de cada factor está por calibrar.

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